Un país de perturbados

España, país de famélicos, de onanistas y de perturbados”. Así nos reflejaba Pla, el escritor. Los últimos se ve que proliferan estos días. Solo hay que ver lo que está sucediendo ahora mismo (y, de modo intermitente, durante los últimos veranos) con esa sección particular de los chalados exclusivamente reservada a la piromanía.

Ciertamente, el ecologismo de salón tiene la mayor de las culpas en este desastre. Cómodamente instalado en la poltrona gubernamental, proclama que hay que salvar la naturaleza, así, en abstracto. 

Normal, el campo les resulta psicológicamente extraño (no lo conocen, jamás lo han pisado de verdad), y por eso se entretienen mediante juegos florales de palabrería sobada que solo dan para un par de medidas superficiales, inútiles y empobrecedoras, pero interesadas: se adhieren al discurso predominante, aquel que identifica a los potentados de las eléctricas con el Mr. Scrooge de Dickens, los últimos responsables de todas las humanas tragedias.

En lugar de bajar al terreno (contribuir a desbrozar caminos y montes de impurezas), estos necios modernos se recrean en la narcisista ensoñación de sus vacuas soflamas, dirigidas a la sumisa parroquia: “Arrastran a la gente agitando el léxico y la temperatura del comunismo libertario”, también afirmaba Pla en las primeras horas de la última República.

Pero tampoco es menos cierto que en España, hoy, como reconoce Feijóo, solo parecen prosperar los enajenados, quizá como consecuencia de los tres males que mejor caracterizan estos tiempos turbios: ansiedad, angustia y amargura, hasta derivar en una creciente ola de nihilismo. 

Si nada puede contentarnos, si el futuro apunta hacia la inexorable extinción de la especie, ¿por qué no empezar ya por destruirlo todo, sin mayor dilación, con ese fuego purificador al que Wagner recurría al final de “El Ocaso de los dioses”?  La purga imprescindible para el advenimiento de un mundo nuevo sugería el genial compositor.

Como Michael Caine evocaba en una de las secuelas de Batman (“El caballero oscuro”), en el país, en estos momentos, parece estar cumpliéndose fielmente aquello que el juicioso mayordomo le refería a su jefe: “Algunos hombres solo quieren contemplar el mundo ardiendo”.

No es extraño que el anuncio de su oferta de fútbol, en la principal plataforma televisiva de este deporte, la temporada pasada, recurriese a la canción “Fuego” de Soda Stereo, para promocionarse: “Mantenlo prendido, fuego, no lo dejes apagar y grita: ¡Fuego!”.  También aquí, estos mismos días, un par de series han verificado aquello que decía Woody Allen: “La vida no imita al Arte, sino a la mala televisión”. 

En la interesante “Smoke”, de Apple TV, aparecían dos tipos de demente que luego han ilustrado la realidad de los telediarios. Estaba el paria que decide vengarse de la sociedad que lo margina prendiéndole fuego a las casas de sus vecinos, y surca las calles como un espectro justiciero mientras arrastra una lata de gasolina a modo de espadón: tal cual, como el anciano que provocó un pequeño incendio en un barrio de Madrid. 

También se encontraba otra variante popular del mismo loco: el héroe de la comunidad que trabaja donde se combaten estos siniestros, pero que luego, a lo Mr. Hyde, dedica su tiempo libre a quemar todo lo que pilla, para más tarde investigar, él mismo, los propios sucesos (alguno así ha habido por estos pagos). 

Son un par de casos recientes, pero que reflejan un estado de ánimo. Luego ha aparecido, además, el de ese hombre que, de un modo que recordaría a Michael Douglas en “Un día de furia”, descontento con el servicio recibido, le prendió fuego a la barra de un bar, la semana pasada, en Andalucía.

Sí, las brasas parecen vivir un extraño apogeo que incluso tiene reflejo (¿origen?) en algunos productos culturales: ¿Estaremos todos destinados a perecer en una inmensa pira, como aquella que atemorizaba a la gitana Azucena durante sus sueños febriles, dispuesta para conectarnos directamente con esa otra, la eterna, sin necesidad de pasar antes por la casilla del previsto último juicio?    

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