«Alberto Ruiz Gallardón, sobre música clásica»

La charla entre el exministro Alberto Ruiz-Gallardón y el crítico musical César Wonenburger supuso la reaparición pública del expolítico tras años de silencio. Un diálogo de casi una hora centrado estrictamente en la música clásica, la ópera y la gestión cultural.

La música estaba en casa antes que él. Isaac Albéniz era su tío abuelo; la hermana del compositor, su bisabuela Clementina, fue quien le enseñó a tocar el piano. Su abuelo, Víctor Ruiz Albéniz, fue crítico musical, y su padre le hizo estudiar solfeo porque era tan importante como el inglés. A los doce años, con la escolanía de su colegio, entró en el Teatro Real, y no por la puerta principal: iba a cantar la Pasión según san Mateo con la Orquesta Nacional, el Orfeón Donostiarra y Frühbeck de Burgos.

«Nunca la he abandonado, nunca me ha defraudado»

Alberto Ruiz-Gallardón, sobre la música

Con los años cambió el deslumbramiento de las grandes orquestas por la música de cámara y por el Strauss íntimo de Intermezzo y Capriccio. Defiende la música como una forma de conocerse a uno mismo: cuando una partitura te conmueve, descubres hasta qué punto tu alma se parece a la de quien la escribió.

«Es probablemente una forma de psicoanálisis mucho más eficaz que la propia de Freud»

Alberto Ruiz-Gallardón

También hay diagnóstico. La educación musical sigue fuera del sistema educativo, igual que hace cincuenta años. Reivindica el papel de Alfonso Aijón e Ibermúsica al traer a Madrid a las grandes orquestas, pide a los melómanos que no desprecien el mecenazgo que abarata sus entradas y carga contra la Segunda Escuela de Viena por haber alejado al público al prohibir la tonalidad.

Fragmentos transcritos de la conversación.

«La música estaba en casa antes de que yo llegase»

Yo no es que surgiese mi afición a la música: es que siempre estuvo ahí. La música estaba en casa antes de que yo llegase, porque efectivamente Isaac Albéniz era mi tío abuelo, pero su hermana Clementina, que es mi bisabuela, es la que le enseñó a tocar el piano a él. Y a través de su hijo, mi abuelo Víctor Ruiz Albéniz, que fue crítico de música también, y después mi padre, en casa la música era una constante, permanente. Con lo cual yo nací en un mundo en el que el lenguaje de la música era habitual. Mi padre me animó a que estudiase solfeo. Él no tenía especial interés en que tocase un instrumento, aunque hice tres cursos de piano, pero sí quería que dominase ese lenguaje. Decía: «Es tan importante que domines el solfeo como que domines el inglés para el resto de tu vida». Yo pensaba que era más útil el inglés, pero después he disfrutado mucho más con el solfeo que con el inglés.

«Una forma de psicoanálisis mucho más eficaz que la de Freud»

La música te hace conocerte a ti mismo, encontrarte contigo mismo, y que nadie piense, por favor, que es una frase hecha. Es probablemente una forma de psicoanálisis mucho más eficaz que la propia de Freud, porque si tú quieres saber de verdad qué hay dentro de este cuerpo en el que todos habitamos, o de estas expresiones, estos tópicos y esta educación conforme a la cual nosotros nos manifestamos, te tienes que descubrir a ti. Y para descubrirte a ti, por lo menos para mí, la mejor forma que he encontrado en mi vida es ver dónde he encontrado identificación con la creación de otros. Eso me ha pasado con la música; en mucha menor medida, tengo que reconocerlo, con la pintura y con las artes plásticas, pero me ha pasado también con la literatura y, por supuesto, con la poesía. Cuando tú te conmueves ante una partitura o ante un texto, lo que estás descubriendo es hasta qué punto tu alma se parece al alma de ese compositor. Y por lo tanto te estás reconociendo a ti mismo.

«La educación musical está expulsada del sistema educativo»

Cuando yo empiezo, en mi adolescencia, nosotros teníamos en España algo que seguimos teniendo: una muy deficiente educación musical. La educación musical está expulsada del sistema educativo. Creemos que nuestros hijos tienen que aprender ciencias, humanidades, idiomas, pero no pensamos que sea conveniente introducirles, más que como asignatura maría complementaria, la educación musical. Aquello estaba mal hace cincuenta años y sigue estando mal hoy. Ahí no hemos mejorado nada. En segundo lugar, la música en aquel momento yo la encontré como algo reservado para los elegidos, algo a lo que solamente podías llegar si tenías un proceso de iniciación, por razones familiares o por propia afición, pero que no te encontrabas en tu vida cotidiana. Cuando estaba en el colegio o en la universidad era normal que un lunes comentásemos una película estupenda o una obra de teatro, pero era muy raro encontrarte con alguien que te comentase el concierto de la Orquesta Nacional de España. Era algo que te daba, no te digo la sensación de ser un raro, pero sí de ser extraño a la afición de la mayoría de tu entorno.

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